Los muy profesionales pantalones Capri rojos

La edad te hace mas sabia, y la juventud es para cometer errores, y si que aproveche esa oportunidad para cometer los errores más vergonzosos.
Cuando yo estaba en la escuela estudiando acupuntura por las noches conseguí un trabajo dando masajes en una casa de ancianos. Conseguí ese trabajo por pura suerte cuando le pedí a una mujer China que iba a la misma escuela pero que estaba en un grado más avanzado que yo, si podía prestarme los exámenes del año anterior. Ella me ayudo con los exámenes y nos volvimos amigas, platicando todos los días en el bus de la escuela. Ella era dueña de una tienda de masajes y un día repentinamente me ofreció un trabajo.
Yo apenas estaba en el primer año de mis estudios y nunca había hecho masajes, ni tenía mucho conocimiento acerca de músculos o dolores del cuerpo humano, pero aun así ella me contrato y me dio unas cuantas lecciones de masajes. Me enseño a la manera china unas cuantas lecciones rápidas y luego me tiro del nido. Según ella era mejor para mi como principiante trabajar en la casa de ancianos porque los masajes allí eran cortos, mas o menos 10-15 minutos por persona. Yo vi esto como una oportunidad para aprender masaje y ganar un poco de dinero al mismo tiempo.
Este era el primer trabajo que yo conseguí por mi misma y sin ayuda de mis padres, me sentía muy adulta y orgullosa, pero mi lado profesional aún estaba severamente subdesarrollado.
Cuando mi amiga (ahora jefa) me dijo que como uniforme para la parte de arriba podía usar el uniforme de masaje de la escuela, y por debajo podía usar lo que quiera yo tome eso como invitación a ser creativa. Realmente no se en que estaba pensando, pero fui de compras y de todas las opciones tuve que elegir un par de pantalones capri rojos. 
Según yo estaba muy de moda, muy elegante, no se…mi sentido de moda daba lastima, pero en ese entonces yo no me daba cuenta y use tales pantalones todos los días considerándolos mi cool uniforme. Si pudiera volver al pasado seguro que le diría a mi versión joven lo poco profesional y vergonzoso que es mi “uniforme”. Solo con acordarme me dan escalofríos.
Pero nadie me dijo nada, y los viejitos en la casa de ancianos eran tan amables conmigo. En ese entonces mi japonés aun no era muy bueno pero los ancianitos hacían el esfuerzo de hablar conmigo y explicarme hasta que yo les entendiera. Una vez un viejito me dijo que yo tenia un par de pantalones muy especiales, yo lo tome como un cumplido y le agradecí, pero ahora que lo pienso quizás es que estaba tratando de decirme indirectamente que no eran apropiados. Jaja. Ame cada minuto de los cortos meses que trabaje allí, los viejitos nunca se quejaban de mi y mi masaje mediocre, todos eran siempre tan amistosos conmigo. Una señora siempre me invitaba a su cuarto para comer chocolates de contrabando que ella tenia y platicaba conmigo por todos los 15 minutos de su masaje, casi nunca recibía masajes y prefería que solo nos sentáramos a platicar. Era como mi segunda abuelita y cuando renuncie por otro trabajo ella me escribió una carta y me dio su dirección de casa para que la fuera a visitar cuando quiera, aunque nunca fui…

Mi próximo trabajo tenia uniforme de arriba y abajo, así que por lo menos me salve de la vergüenza de elegir mi propio uniforme y mis errores de moda. Pero no me salve de mis libertades de expresión artística con mi maquillaje, pero esa es una historia para otro día.  

Wanderlady

Multilingual acupuncturist travelling the world